El Tejo, el árbol sagrado de los celtas

El tejo es el árbol sagrado de los celtas por su longevidad. Y contiene una sustancia en la corteza y hojas, que es un potente anticancerígeno.
Tejo situado junto a la Casa de Aldea El Conventu del Asturcon, antiguo Convento. (Lago - Parres)
Tejo situado junto a la Casa de Aldea El Conventu del Asturcon, antiguo Convento. (Lago – Parres)

Los tejos (“Taxus” en Asturiano “Texu”) son un género de árboles coníferos, propios de las zonas montañosas, con ambientes frescos y húmedos, y que prefieren los terrenos calizos.

Pueden llegar a alcanzar una altura de 20 metros, pero destaca en cuanto al perímetro, alcanzando diámetros de 1,5 metros. Es una especie muy longeva, pudiendo superar los 2.000 años de vida.

Su copa es densa y piramidal, las ramas salen del tronco en sentido horizontal. Tiene hojas perennes dispuestas en dos hileras opuestas, de color verde oscuro por la cara superior y amarillento por el revés.

Casi todas las partes del árbol son ricas en alcaloides tóxicos, cuya ingestión puede provocar la muerte. El arilo o baya es la única parte del árbol que no es venenosa y está libre de taxina, aunque la semilla que contiene si es tóxica.

El tejo (“Taxus”) fue descubierto como anticancerígeno a finales de los años 50 gracias a un estudio de investigación que se desarrolló en Estados Unidos con 6.000 especies vegetales, por lo que, tras diversos ensayos, se descubrió en 1970 que los taxanos del tejo eran efectivos para tratar diferentes tipos de cáncer.

Al hablar del tejo no podemos dejar de referirnos a su carácter sagrado. Los pueblos celtas lo veneraban, dado que formaba parte de algunos de sus rituales al ser considerado un árbol sagrado, probablemente debido a su extraordinaria longevidad, que lo hace parecer inmortal.

El cristianismo lo adoptó y lo incorporó a su doctrina como símbolo de la vida y de la muerte. Y por su longevidad, símbolo también de la eternidad. Por esta razón, en Asturias es frecuente verlo plantado al lado de ermitas, iglesias y cementerios, desde tiempos remotos, como símbolo de la trascendencia de la muerte.

Una curiosidad… la expresión “tirar los tejos”. Los celtas, tenían por costumbre que fueran las mujeres quienes eligieran esposo. Cuando una mujer celta tenía elegido al hombre con el que quería casarse, le lanzaba ramitas de tejo para darle a conocer su decisión.

 

La magia del Tejo:

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