La sidra es ideal para acompañar
la variedad gastronómica asturiana
Carne y pescado, mar y montaña, es el carácter de la Comarca Asturiana de los Picos de Europa, y la proximidad de los dos elementos será la que contribuya a que su gastronomía incorpore ambos productos por igual.
En la
carne destacarán los
productos derivados del cerdo, en forma de embutidos, morcillas y potajes en los que se utilizan como protagonistas. Pero será la
carne roxa (roja), es decir de ternera alimentada en los pastos de los puertos de montaña, en completa libertad y sin dietas de piensos la que marcará la diferencia sobre cualquier otra área geográfica y sobre cualquier otra carne similar:
jugosa, tierna, sabrosa, son los calificativos que mejor la definen. Otra carne muy apreciada e incorporada en muchas cartas locales es la de
la caza, principalmente
la mayor, de jabalí, ciervo, corzo o rebeco.
De la mar y del río se ofrecen merluzas, xáragos, bonitos, lubinas, salmones, truchas, centollos, almejas... a la plancha o en salsas varias, pero
siempre frescos.
Incorporando tanto productos cárnicos como pescados, los
potajes son característicos de la zona: desde la típica fabada, les fabes con almejes, el pote asturiano, les fabes con marisco, etc. Siempre constituyen un primer plato de gran consistencia recomendables exclusivamente para el mediodía y no para la noche debido a su contundencia.
Un elemento que se echará en falta en la comarca es la verdura, pues en general la huerta ha sido poco valorada. No obstante los huertos han sido una despensa bien provista en los pueblos hasta el momento, no tanto por su variedad como por la calidad de sus productos. Aunque el amante de lo verde no encuentre toda la variedad que le gustaría, esta sencillez se puede compensar con la satisfacción que puede producir degustar auténticos productos locales como las
patatas, los guisantes, las habas verdes, las legumbres, las castañas, las nueces, o las frutas. Raros son los restaurantes que hoy pueden ofrecer estos productos por su escasez, pero aún se pueden localizar en el mercado dominical donde las señoras de los pueblos venden sus limitadas mercaderías, excedentes de una producción ya de por sí limitada.